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an transcurrido treinta años desde que La Zaranda emprendiera su andadura teatral, realizando una intensa labor de creación que le ha valido un gran prestigio internacional. Su trayectoria tiene como constantes teatrales: de los objetos, el expresionismo visual, la depuración de textos y la creación de personajes límites; y como método de trabajo, un riguroso proceso de creación en comunidad.


La Zaranda, como cernidor que preserva lo esencial y desecha lo inservible, desarrolla una poética teatral que lejos de fórmulas estereotipadas y efímeras, se ha consolidado en un lenguaje propio, que siempre intenta evocar a la memoria e invitar a la reflexión.